El hormiguero

Comunidad de estudiantes y profesores de lengua y literatura

Desde siempre la escuela ha sido el mecanismo de control por parte del Estado capitalista más eficaz y a más bajo costo. Las aulas aglomeran un promedio de 30 alumnos por sobre tan solo un docente a cargo capaz de garantizar la propagación y perpetuación sistemática de las políticas vigentes ¿Cómo? A través de la circulación del lenguaje.

Detrás de toda elección pedagógica subyace una posición política-ideológica que responde a un constructo discursivo que se materializa en acciones concretas. Reproducimos a través del lenguaje un modelo de sociedad patriarcal, capitalista y heterosexista. Esto se traduce materialmente en la validación exclusiva de un hombre masculino, blanco, clase media-alta, joven y heterosexual, deviene por lógica consecuencia la abyección de quienes restan de este grupo exclusivo por antagonía: mujeres, pobres, viejos, grupos étnicos, diversidades sexuales y tod@s aquell@s que ni siquiera fueron nominalizad@s o visibilizad@s por la sola palabra.

Existen en el universo lingüístico contextualizado designaciones e interpretaciones que operan como incluyentes o excluyentes respecto de la normativa preponderante. A si mismo en el marco de la designación podemos distinguir autodesignaciones (el sujeto se significa a si mismo) y heterodesignaciones (el sujeto es significado por otro). La pregunta es: ¿Cuál es la opción que elegimos en nuestras prácticas pedagógicas?

El lenguaje es la transversalidad de todas las áreas del saber. Está cargado en sus aspectos semánticos, pragmáticos y sintácticos por el yugo del poder, por lo tanto todas las áreas del saber están atravesadas por esta problemática. Ahora bien, el trabajo en el Área Lengua y Literatura, a mi entender, debiera suponer la instancia de reflexión sobre el propio discurso y los discursos impartidos, no solamente en el espacio áulico sino también en las instancias de formación y reflexión privadas de el/la docente a cargo.

A modo de disparador, quisiera compartir éste cuento que posiblemente nos permita pensar los entramados de supuestos que acarreamos desde nuestra primera formación hasta nuestra práctica.

¡Espero comentarios!

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Respuestas a esta discusión

¡Hola, Iris! Coincido absolutamente con vos, estudié sobre el tema haciendo un trabajo sobre Sor Juana, y me maravillé con la genial descripción que hace Derridà de este lógica falologocentrista que tan bien describís. Sumo algunos aportes:

-El lenguaje no es inocente: lo femenino siempre aparece bajo la forma de una excepción (-a), y se incorpora con mayor velocidad a lugares faltos de poder (me viene a la mente el escándalo que se armó por decir "presidenta" en vez de presidente, y la omisión de no quejarse nunca de que se diga "sirvienta" en vez de sirviente).

-La escuela primaria, con la paradoja de estar conformada básicamente por mujeres, sigue siendo patriarcal: las maestras son "segundas mamás". Las profesoras tienden a ser más bien asexuadas, por cuestiones de "higiene moral". En la facultad, ni hablar: basta pegar una mirada en la lista de investigadores para ver cómo va la cosa.

-Los libros de texto siguen respetando el canon de "hombres blancos y muertos".

En fin, es una batalla que se pelea en las aulas primero, y con los colegas después. ¡A darla, entonces!

P/D: No puedo bajar el archivo ahora, pero prometo leer el cuento. ¡Saludos!

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¡Hola Martín!
Me resulta más que grato que el intercambio se inicie con un compañero varón, ya que mirar el patriarcado como un sistema opresivo que transgrede al género femenino, en la educación y en las diversas esferas, es una punta para pensarnos como sujetos/as facilitadores/as de la práctica pedagógica y no como cómplices de la maquinaria.

Socializo un audio sobre el tema de la Red Nosotras en el Mundo.

Abrazo,
Iris

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